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20 de junio de 202620 jun5 min de lectura

¿Qué dejaron las SB64 para la agenda climática?

En materia de adaptación, haremos un repaso por los principales temas de la agenda. En cuanto a la Meta Global de Adaptación (GGA), una de las principales limitaciones del debate giró en torno al financiamiento de la adaptación y a la traducción del compromiso de triplicarlo. Establecer el grupo técnico encargado del trabajo sobre metadatos y metodología de los indicadores de Belém y otros resultados, es clave para poder avanzar. No se alcanzó un consenso y el debate no se cerró. Por lo tanto, el tema se retomará en la COP31 (Regla n° 16). Se espera que el taller de la Hoja de Ruta para la adaptación (BAR) contribuya a este ítem.

Por otro lado, sobre la Orientación relativa a las Comunicaciones de Adaptación, -las cuales constituyen una herramienta clave para los países de nuestra región-, ya que se usan para expresar sus prioridades y necesidades de implementación; en las SB64 se alcanzó una decisión procedimental que implica que la nota informal que refleja las visiones de las Partes puede ser tomada como punto de partida para las discusiones de Antalya. Si bien persisten divergencias sobre la revisión (año, articulación con la GGA y su Marco, la revisión de las orientaciones para elaborar los Reportes Bienales de Transparencia o BTR) la sesión sirvió a las Partes para acercarse en el entendimiento de sus propuestas.

En el ítem sobre el Programa de Trabajo de Nairobi, se alcanzaron conclusiones sustantivas. Entre ellas, el fortalecimiento del UN Climate Change Universities Partnership Programme, con mayor participación de universidades de países en desarrollo y su consolidación como una de las piezas para la implementación del GGA y su Marco. La tensión sobre la provisión de apoyo financiero para la implementación del Programa se saldó, en parte, con la inclusión de información sobre recursos, alianzas y contribuciones en los informes anuales que prepara la secretaría de la CMNUCC para su consideración en estas sesiones de medio término.

En cuanto al Fondo de Adaptación, las discusiones sobre la transición del Fondo para que se dedique exclusivamente al Acuerdo de París y la redacción relativa a la composición de la Junta Directiva siguieron siendo objeto de controversia, y no hubo acuerdo en los SB64.

Finalmente, en Pérdidas y Daños no hubo ningún ítem de agenda específico en las negociaciones de Bonn y se sintió que la conversación fue excluida de muchos debates. Sí tuvo presencia a través de otros eventos y reuniones informales, pero sin el impulso necesario para hacer avanzar esta agenda.

Respecto al financiamiento climático, éste volvió a ser uno de los principales puntos de tensión en Bonn. Los países en desarrollo reclamaron que se implemente el nuevo objetivo colectivo cuantificado de financiamiento climático (NCQG) y exigieron una discusión formal sobre las obligaciones de los países desarrollados bajo el artículo 9.1 del Acuerdo de París. La falta de consensos sobre el Programa de Trabajo de Financiamiento Climático dejó abiertas diferencias estructurales sobre quién debe aportar recursos y cómo movilizarlos. Hacia la COP31, será clave avanzar en una hoja de ruta creíble para movilizar los USD 300 mil millones anuales acordados y cerrar las brechas de financiamiento para adaptación, mitigación y pérdidas y daños.

En lo que refiere a Transición Justa y Programa de Trabajo de Mitigación, se logró un avance procedimental con la adopción de los términos de referencia para la revisión del Programa de Trabajo sobre Transición Justa (JTWP), aunque persisten fuertes desacuerdos sobre la implementación del Mecanismo (JTM), fundamentalmente sobre su gobernanza y financiamiento y de qué modo se vinculará el propio Mecanismo con el JTWP. De cara a la COP31 es imprescindible que desde la sociedad civil llenemos de contenido y factibilidad al Mecanismo para alcanzar una transición justa e inclusiva, que proteja a las comunidades y los ecosistemas.

Sobre la Transición más allá de los combustibles fósiles (TAFF), la presidencia brasileña de la COP30 presentó los avances de la hoja de ruta global sobre TAFF, destacando que se han recibido más de 100 propuestas de diferentes países como contribuciones. Se espera que sea lanzada en Belém, previo a la COP31. Asimismo, la sociedad civil latinoamericana presentó la hoja de rut sobre Transición Energética Justa y Bosques para América Latina y el Caribe. En el camino hacia Antalya, necesitamos continuar reforzando el mensaje de un nuevo paradigma de pensamiento de prosperidad sin fósiles.

En cuanto al Segundo Balance Mundial (GST2), las discusiones comenzaron a tomar forma en Bonn, con énfasis en las lecciones aprendidas del GST1 y en la necesidad de fortalecer la implementación de sus resultados. Los países en desarrollo destacaron que la falta de financiamiento, tecnología y fortalecimiento de capacidades sigue siendo la principal barrera para cumplir con sus compromisos climáticos. Además, emergieron debates sobre el papel de la ciencia y del próximo informe del IPCC como insumos centrales para el GST2. De cara a la COP31 será fundamental garantizar un proceso inclusivo, basado en evidencia científica y capaz de evaluar de manera integral los avances colectivos hacia la meta de 1,5°C.

Respecto a la Hoja de Ruta de Deforestación, impulsada por la presidencia brasileña de la COP30, continuó ganando apoyo político, como una herramienta para acelerar la implementación de los compromisos globales sobre deforestación y degradación forestal. Se hizo hincapié en la necesidad de abordar las causas estructurales de la pérdida de bosques, fortalecer la gobernanza, asegurar financiamiento y garantizar la participación de los pueblos indígenas y comunidades locales. Sin embargo, persisten interrogantes sobre cómo traducir esta iniciativa en resultados concretos y cómo ampliar su apropiación más allá de Brasil. El desafío hacia la COP31 será consolidar una coalición amplia que impulse esta hoja de ruta como un aporte relevante al GST2 y a la acción climática de esta década.

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